sábado, 3 de novembro de 2012

La Atlántida, ¿es solo una leyenda o es una realidad?



Mientras la Humanidad avanza hacia el futuro, también crece su interés por conocer el pasado, a pesar de que las fronteras de las civilizaciones primitivas retroceden cada vez más. Los nuevos descubrimientos y la nueva información recogida gracias al procedimiento del Carbono 14, que ayuda a determinar la antigüedad de los objetos encontrados, hacen pensar que el hombre era ya civilizado decenas de miles de años antes de la época generalmente aceptada.  Y no siempre en los lugares en que se creía, como el Oriente Medio.
¿Dónde estuvo localizada la primera civilización? ¿Derivaron las demás de una civilización común? ¿Existió otra cultura, más antigua, que aporto los conocimientos a Egipto, Sumer, Asia o las culturas americanas? En respuesta a todos estos interrogantes surge un nombre enigmático: Atlántida.
 
Todo parece indicar que la Atlántida es el continente perdido que fue la cuna original de la civilización. Una tierra que desapareció por una serie de convulsiones cuando se hallaba en la cumbre de su poder y que ahora yace en el fondo del océano Atlántico, mostrando sólo las cimas de sus montañas, como la Islas Azores.
Pero, para muchos, la Atlántida es sólo una leyenda fruto de la imaginación del filósofo griego Platón, que la detalló en sus Diálogos y que se ha conservado a través de diversas versiones desarrolladas durante siglos. Y para otros es una precursora de las civilizaciones primitivas, atestiguada por antiguos documentos, pero que la sitúan no en el Atlántico, sino en algún otro lugar. Y cada una de las posibles ubicaciones cuenta con numerosos partidarios.
Si consultamos la cualquier enciclopedia, veremos que la Atlántida está considerada como una leyenda y que no es tenida en cuanta en la historia oficial. Sin embargo, tanto geólogos como oceanógrafos coinciden en que existió alguna vez un continente en el Atlántico, si bien se niegan a considerar que en este continente hubiese una civilización avanzada.
 
Lo cierto es que la Atlántida forma parte de nuestra cultura y de nuestro subconsciente colectivo, tanto si creemos en su existencia  como si la negamos. Y ha sido un tema del que se han escrito miles de páginas,  ha inspirado a los clásicos y ha contribuido al descubrimiento del Nuevo Mundo.
Cada vez que se descubre una ciudad o una cultura submarinas, cosa que ocurre con creciente frecuencia debido al crecimiento paulatino del nivel de los mares y océanos en el mundo y al hundimiento de algunas zonas de la costa, la palabra Atlántida surge automáticamente. La Atlántida ha sido incluso situada en la isla de Tera, en el Mediterráneo, que en el pasado experimentó hundimientos en el mar  a causa de antiguas erupciones volcánicas.
Por otra parte tenemos los sorprendentes relatos del vidente norteamericano Edgar Cayce, que el año 1968 predijo que surgiría del océano un templo Atlante cerca de Bimini, en las Bahamas. Y lo cierto es que se han observado algunas estructuras submarinas en esta zona, que se hallan en proceso de investigación.
 La leyenda de la Atlántida está plenamente vigente y cada vez surgen nuevas preguntas y se formulan nuevas explicaciones. Y con los equipos de investigación de que se dispone actualmente es posible que haya llegado el momento de resolver este  antiguo enigma y podamos demostrar la gran antigüedad del hombre civilizado, así como el lugar en el que tal vez apareció la primera gran civilización.
La Atlántida constituye uno de los misterios más grande del mundo. Su nombre evoca un sentimiento de memoria perdida y nuestros antecesores han hecho conjeturas sobre ella durante miles de años. Si buscamos la palabra Atlántida en una enciclopedia, podemos leer que se trata de un continente perdido y mítico, que fue descrita por Platón en el siglo IV a.C., en dos de sus Diálogos, Tlmeo y Critias, en los que hace referencia a una visita de Solón a Egipto.
Entonces se enteró de que los sacerdotes de Sais guardaban documentos escritos acerca de una isla-continente llamada Atlántida,  situada más allá de las Columnas de Hércules, nombre que se daba en la Antigüedad al estrecho de Gibraltar, y que era el centro de un gran y maravilloso imperio. También le dijeron que tenía una población muy numerosa, ciudades con tejados dorados y poderosas flotas y ejércitos.
 
En su descripción de la Atlántida, Platón señala que “la isla era mayor que Libia y Asia juntas  y podía pasarse a través de ella al continente opuesto, que bordeaba el verdadero océano…“. Al parecer, en aquella época,  el nombre de Libia designaba la parte de África entonces conocida. El filósofo griego describe la isla como un paraíso terrestre, con imponentes montañas, fértiles llanuras, ríos navegables, ricos depósitos de minerales y una numerosa y floreciente población. Y este fabuloso imperio “desapareció bajo el mar en un solo día, con su noche“.
Según los cálculos de Platón, el hundimiento se produjo unos 9.000 años antes de su época, lo que nos lleva a unos 11.500 años. Su referencia a este continente perdido fue creída o puesta en duda a lo largo de los siglos. Parte de lo que Platón afirmaba tuvo su confirmación con el descubrimiento del “continente opuesto’“, América,  en 1492. Y a medida que aumentan las exploraciones de las profundidades del océano, los límites de la prehistoria de la Humanidad se van retrasando en el tiempo. Y es posible que otros detalles del relato de Platón también sean reconocidos en el futuro como ciertos.
 
La memoria colectiva apunta hacia algún lugar del Atlántico, señalándolo como la cuna de un paraíso terrestre hacia el que fluyen las almas después de la muerte. Si la Atlántida hubiese existido, las tribus y razas que han poblado ambos lados del Atlántico tendríanalguna referencia de ella en las tradiciones orales o en registros escritos. En este sentido debemos dejar constancia una curiosa coincidencia: El galés y el inglés antiguo situaron en el océano occidental el emplazamiento de su paraíso terrenal, al que llamaban Avalan.
Los antiguos griegos situaron la isla más allá de las Columnas de Hércules y la llamaron Atlántida. Los babilonios ubicaron su paraíso en el océano occidental y le dieron el nombre de Aralu, mientras que los egipcios situaron la morada de sus almas “en el extremo occidental, y en el centro del océano” y lo denominaron, entre otros, con los nombres de Aaru,  Aalu y Amena. Las tribus celtas de España y los vascos conservan las tradiciones de su tierra natal en el océano occidental, mientras que los galos de Francia, especialmente los que habitaban las regiones más occidentales, conservaban la tradición de que sus antepasados provenían de algún lugar en medio del océano occidental, como consecuencia de una catástrofe que destruyó su tierra de origen.
Las antiguas tribus del Norte de África mantenían tradiciones sobre un continente situado al Oeste. También se sabe que habían algunas tribus llamadas Atarantes y Atlantioi, así como de un antiguo mar actualmente seco, que se llamaba Attala y de las conocidas montañas Atlas. Los árabes creían que el pueblo de Ad vivió antes de una gran inundación y fue destruido por las aguas como castigo por sus pecados. Cruzando el Atlántico advertimos que en las Islas Canarias, que podrían ser antiguas cumbres montañosas de la Atlántida,  existen una serie de antiguas cavernas llamadas Atalaya, cuyos habitantes conservaban, en la época romana, el recuerdo del hundimiento de la isla-continente.
En América nos encontramos con una serie de extraordinarias coincidencias. La mayor parte de las tribus indígenas conservan leyendas que dicen que su origen está en Oriente y que obtuvieron los adelantos de la civilización de unos “dioses” llegados desde un continente oriental El pueblo azteca conservó el nombre de su tierra de erigen: Aztlán, y la palabra misma, azteca, es una derivación de Aztlán. En el idioma náhuatl de los aztecas, atl significa “agua” y la misma palabra tiene igual significado en el lenguaje beréber del norte de África.
 
Quetzalcóatl, dios de los aztecas y de otros pueblos americanos, era representado como un hombre blanco, con barba y que llegó al valle de México desde el océano, volviendo a Tlapallan una vez concluida su misión civilizadora. Tlillan o Tlapallan, que significa «Lugar del negro y el rojo» es un lugar legendario situado en la costa de Golfo de México, donde Quetzalcóatl se dice que llegó volando desde Tollan con el fin de quemarse y transformarse en la Estrella de la Mañana (Venus). En su libro sagrado “POPOL VUH”, los maya – quichés se refieren al país oriental donde en un tiempo habían vivido, como si fuera un verdadero paraíso, “en el que blancos y negros vivieron en paz” hasta que el dios Hurakan se enfureció e inundó la tierra. Cuando los conquistadores españoles exploraron lo que hoy es Venezuela encontraron un lugar llamado Atlán, que estaba poblado por indios blancos, que decían que sus antepasados eran sobrevivientes de una tierra inundada.
El nombre mismo del océano Atlántico podría ser un nexo de unión con la leyenda de las antiguas ciudades doradas que yacen en el fondo de las aguas. Con toda probabilidad la palabra proviene de Atlas, el gigante de la leyenda griega que sostenía el cielo. Pero, ¿acaso no era la propia leyenda de Atlas una alegoría del poder del imperio Atlante? Y en griego, Atlántida significa “hija de Atlas”.
 
Las leyendas sobre una gran inundación y sobre la desaparición de una avanzada civilización son comunes en casi todo el mundo. Se ha sugerido que la similitud entre los escritos bíblicos acerca del Diluvio y los de Sumer, Asiría, Babilonia, Persia y otras antiguas naciones mediterráneas podrían tener su origen en los recuerdos de una gran inundación ocurrida en el Oriente Medio. Pero, en este caso, ¿cómo explicamos las leyendas similares sobre grandes inundaciones que se conservan en las tradiciones escandinavas, de China,  India y en la gran mayoría de las tribus aborígenes del Nuevo Mundo?
Dichas leyendas, con sus repetidas alusiones a sobrevivientes que levantaron una nueva civilización de las ruinas de la anterior, existen en todo el mundo y creemos se refieren a algo que realmente ocurrió. Sin duda, debe considerarse que si la tierra estuviese cubierta sólo por las aguas, éstas no habrían podido retroceder, ya que carecerían de un punto al cual dirigirse. De ahí que pueda pensarse que la gran inundación, tal como la recordaron sus sobrevivientes, describía una terrible catástrofe, acompañada de lluvias, maremotos, terremotos y erupciones volcánicas, que a los pocos sobrevivientes les hizo creer que todo el mundo había quedado bajo el agua.
Todos estos recuerdos, lo mismo que aquellos que hablan de un paraíso terrestre, localizan esta antigua civilización en una isla hermosa y fértil en medio del Atlántico. Esto ha fascinado a hombres de todas las épocas y ha contribuido sin duda al descubrimiento y conquista de América.
 
Quienes rechazan la teoría de la Atlántida hacen referencia a que tendrían que existir más referencias a la misma en la Antigüedad. Pero, considerando la sistemática destrucción de documentos antiguos, resulta asombroso que  tengamos todo lo que tenemos. Sabemos que algunos de los documentos relacionados con la Atlántida se perdieron, porque varias de las referencias de que se dispone aluden a otros más completos, que se han extraviado. Aparte de la destrucción general de los manuscritos griegos y romanos que tuvo lugar durante las invasiones de los bárbaros, una parte importante de la literatura clásica fue sistemáticamente eliminada. Como ejemplo, el papa san Gregorio Magno ordenó la destrucción de gran parte de la literatura clásica, “por temor a que distraiga a los fieles de la contemplación del cielo“.
Amru, el conquistador musulmán de Alejandría, donde se hallaba la mayor biblioteca de la Antigüedad, con más de un millón de volúmenes, utilizó los rollos de los manuscritos como combustible para calentar los cuatro mil baños de la ciudad durante seis meses. Amru argumentó que si los libros antiguos contenían información ya existente en el Corán, eran superfluos, y si la que contenían no estaba allí, no tenía valor alguno para los verdaderos creyentes. Lamentablemente nadie sabe qué referencias a la Atlántida pueden haber ido a parar al agua caliente de los baños de los conquistadores árabes, ya que Alejandría era tanto un centro científico como literario.
Los conquistadores españoles del Nuevo Mundo continuaron con esta triste labor de destrucción de antiguos documentos. El obispo Landa destruyó todos los escritos mayas que pudo encontrar en la península del Yucatán, con la excepción de unos seis que ahora se guardan en museos europeos. Es realmente lamentable, ya que los mayas podrían haber proporcionado información valiosa sobre el continente perdido, dados sus sorprendentes conocimientos científicos.
 
Entre los libros escritos al respecto hay un pasaje en la obra de Ignatius Donnelly que merece ser citado como muestra de la firme creencia en la existencia de un continente atlántico, cuna de la civilización. Donnelly explica que existió, frente a la entrada del Mediterráneo, en el océano Atlántico, una gran isla que era lo que quedaba de un continente conocido por los antiguos con el nombre de Atlántida. La descripción que hizo Platón  de esta isla no es una fábula, como se ha supuesto durante mucho tiempo, sino una historia real.  Y parece que en la Atlántida es donde el hombre pasó de un estado de barbarie a la civilización.
Con el discurrir del tiempo la isla se convirtió en una nación poderosa y muy poblada. Su gran densidad demográfica les impulsó a viajar a otros continentes, lo que hizo posible que las costas del Golfo de México, la zona del Amazonas, las áreas del Pacífico en Sudamérica, las del Occidente de Europa y África, las del Báltico, las del Mar Negro y las del mar Caspio fueran pobladas por comunidades civilizadas. Este fue el verdadero mundo antidiluviano y también el Jardín del Edén. Los jardines de las Hespérides, el Olimpo,  los Campos Elíseos,  los Jardines de Alcino y el Asgar de las tradiciones de los pueblos antiguos, representan el recuerdo universal de una tierra grandiosa, donde la Humanidad primitiva residió durante mucho tiempo en paz y felicidad.
 
Los utensilios de la Edad del Bronce de Europa derivan de la Atlántida, ya que los atlantes fueron también los primeros que trabajaron el hierro. Los dioses y diosas de los antiguos griegos, fenicios, hindúes y escandinavos eran los reyes, reinas y héroes de la Atlántida. Y los actos que les atribuye la mitología son rememoraciones confusas de hechos históricos verdaderos. Las mitologías de Egipto y Perú representan en realidad la religión original de la Atlántida, consistente en la adoración del Sol. Y probablemente la colonia más antigua establecida por los atlantes estuvo probablemente en Egipto, cuya civilización reprodujo la de la gran isla. El alfabeto fenicio, padre de todos los europeos, proviene del que ya se utilizaba en la isla-continente.
La Atlántida fue el lugar de asentamiento original de las futuras naciones arias o indoeuropeas, al igual que el de los pueblos semitas, y posiblemente también de las razas turanias. Pero la Atlántida sucumbió en medio de una terrible convulsión de la naturaleza, en que la isla entera se hundió en el océano, con casi todos sus habitantes.
Sólo algunas personas escaparon en barcos y balsas, llevando a las naciones de Oriente y Occidente las noticias sobre la terrible catástrofe, que ha llegado hasta nuestra época en forma de leyendas en todo el mundo sobre una gran Inundación o Diluvio.
El libro de Donnelly y otras obras que le siguieron iniciaron un movimiento en favor de la existencia de la Atlántida. Por esta razón diversos investigadores se han dedicado al estudio de los libros antiguos que todavía se conservan y que tratan del tema.  Y han estudiado concienzudamente los mitos clásicos, las leyendas indígenas y los indicios relativos a este tema que suelen hallarse en campos tan variados como los de la biología, la antropología, la geología, la botánica, la lingüística o la sismología. El material reunido es amplísimo y los resultados están siendo sometidos a interpretación.
  
Estas disciplinas proporcionan una gran cantidad de información, que indica que hubo una época en que un istmo de tierra conectó el nuevo mundo con el viejo. Pudo ser primero un paso terrestre y luego un gran continente que al final se quebró en una serie de islas separadas. Esto no sólo explicaría algunos extraños paralelismos sino también ciertos rasgos culturales y mitos comunes. En lo que respecta a la sismología, la Atlántida es una de las zonas menos estables de la corteza terrestre y está sujeta a trastornos a lo largo de toda la plataforma submarina del Atlántico norte y medio, que se extiende por el fondo del mar desde el Norte del Brasil hasta Islandia.
 Dichos trastornos aún pueden producir alzamientos o depresiones de las masas terrestres. Las nuevas técnicas arqueológicas para el cálculo de fechas antiguas, los adelantos científicos, las nuevas teorías acerca de la antigüedad del hombre civilizado, y el alcance de la exploración submarina, han preparado el terreno para nuevos descubrimientos. Antes de que contáramos con todas estas técnicas, ya los investigadores de la Atlántida habían alcanzado un punto en los dominios tradicionales de la investigación, que no les permitía avanzar. En la actualidad, el ámbito y los medios de investigación se han ampliado considerablemente.
 
En el período comprendido entre 1923-1944, Edgar Cayce, un investigador en parapsicología y fenómenos extrasensoriales, que vivía en Virginia Beach, tuvo numerosas experiencias mentales, que llamó “relatos”. Y explicó la vida en la Atlántida y los cambios operados en la Tierra. Dichas misteriosas revelaciones representan sólo una parte de sus predicciones, que han determinado la creación de una fundación que lleva su nombre y de una asociación con filiales en numerosas ciudades de Estados Unidos.
Al describir el continente sumergido, afirmó que parte de él se hallaba bajo el océano, cerca de las Bahamas y, específicamente que las Bahamas mismas eran las cumbres de la isla Poseídia, que formaba parte de la “región occidental de la Atlántida“. En 1940 Cayce señaló los años 1968 o 1969 como el momento en que volvería a emerger una parte de la isla desaparecida, cerca de Bimini: “Poseídia —dijo—, será una de las primeras porciones de la Atlántida que volverán a levantarse. Se espera para 1968 ó 1969. ¡No está tan lejos!“.  Y una coincidencia muy extraña ha hecho que varias construcciones apareciesen frente a las Bimini y en el extremo norte de Andros. Aún no se ha determinado qué son esas construcciones ni cuál es su antigüedad. Sin embargo, lo más extraordinario es que estos misteriosos edificios submarinos han surgido en el lugar exacto que había señalado Cayce en 1940.
 
Dos pilotos comerciales los avistaron y fotografiaron desde el aire. Uno de ellos era un miembro de la fundación Cayce,  que los estaba buscando y que los vio mientras volaba, probablemente debido a que conocía la predicción de Cayce. Hay que reconocer que el avión ha sido una gran ayuda para los arqueólogos, ya que en condiciones de buena visibilidad y de quietud del mar  ha sido posible descubrir y fotografiar desde el aire numerosos puertos, fortificaciones y ciudades antiguas.
Al sur de este punto existe una gran depresión llamada “Lengua del Océano”, que tiene una profundidad de unos 6.000 metros, lo que coincide plenamente con el relato de Cayce en el sentido de que las antiguas tierras de la Atlántida situadas frente a las Bimini son el punto más alto de un continente sumergido. Una primera investigación submarina ha revelado que el edificio está construido sobre una base de rocas y que las paredes han sido cubiertas por la arena, lo que hace difícil verlas bajo el agua, en tanto que resulta fácil advertirlas desde el aire, ya que los trazos rectangulares de la construcción son evidentes. Dado que los edificios están ahora tan cerca de la superficie, han debido tomarse medidas para protegerlos de los cazadores de tesoros que tienen mucho menos interés en determinar su antigüedad que en la posibilidad de saquearlos.
 
Posteriormente se han encontrado otras ruinas submarinas cerca de otras islas del Caribe, entre ellas lo que parecía ser una ciudad completa, sumergida frente a la costa de Haití. En 1968 se descubrió frente a las Bimini lo que parece ser un camino submarino. Estos numerosos hallazgos parecen indicar que parte del zócalo continental del Atlántico y el Caribe fue alguna vez tierra firme que se hundió. Las construcciones submarinas que están emergiendo frente a Bimini y Andros están siendo estudiadas para determinar si formaron parte de un complejo cultural maya o de alguno todavía más antiguo, como predijo Cayce. Si pudiera establecerse su origen maya, ello no significaría apartarse de la teoría atlante, ya que los mayas son, si no descendientes de los sobrevivientes de la isla sumergida, por lo menos un pueblo que llegó a un nivel de civilización bastante elevado, gracias a los atlantes.
Una expedición a la isla de Tera, situada en el mar Egeo, al norte de Creta, planteó  una teoría según la cual lo ocurrido en Tera, que aparentemente fue destruida por una explosión volcánica en el 1500 a.C. con su consiguiente parcial hundimiento, fue el hecho que llevó a Platón a hablar de la destrucción de un continente. Es sabido que una misteriosa catástrofe se abatió sobre la avanzada civilización cretense, aproximadamente en la misma época indicada por Platón. Y sorprendentemente el imperio cretense era más avanzado que los que le siguieron. Poseía agua corriente e instalaciones sanitarias sorprendentemente modernas, vasos de cristal de colores, cubiertos brillantes y vestimenta muy elaborada.
En la Antigüedad, Tera fue también llamada Stronghyli, que quería decir “la rotonda”. Pero, después de la explosión, la parte noroccidental de la isla estalló y se hundió en el mar, dejándola con la forma actual de media luna. Esta explosión y las convulsiones volcánicas consiguientes, al igual que los maremotos provocados por los movimientos sísmicos, pueden haber sido las razones de la decadencia de Creta y de su conquista por los griegos aqueos.
 
Sin embargo, las numerosas erupciones volcánicas ocurridas en el Mediterráneo a lo largo de los siglos, no significan que no haya ocurrido una aún mayor más allá de las Columnas de Hércules, como señala Platón. Lo interesante es que cuando se descubren ruinas  sumergidas que puedan relacionarse con culturas antiguas, surge la pregunta: ¿Es ésta la perdida Atlántida de la leyenda?
Porque la Atlántida, la posiblemente más antigua civilización del mundo, nunca ha dejado de fascinar a la Humanidad. Es como si el hombre moderno esperase recibir la confirmación de su propio pasado perdido y creyera que la ciencia moderna habrá de llenar las lagunas de la historia.
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